Un método para orar

 

 

 

 

 

 

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"Dame Señor tu luz"

Fr.Eusebio Gómez Navarro

 

UN MÉTODO PARA ORAR

 

 

            Cualquier método es necesario para los principiantes. Para orar necesitamos, sobre todo en los comienzos, de técnicas, de un método. Confiarse a la buena voluntad y a la suerte, no es el mejor camino. Así se expresa Jean Laplace: “Son muchos los que se dejan engañar por su misma generosidad.  Imaginan que todo puede lograrse a base de buena voluntad, y se lanzan a tumba abierta a la oración, pero sin haber sopesado previamente sus posibilidades y sin el más mínimo sentido del discernimiento”.

 

            Cada maestro no debe olvidar que, aunque todos los caminos y seres humanos son parecidos, cada persona es original, única e irrepetible y que a cada uno los lleva Dios por distinto camino. San Juan de la Cruz afirma:  “…porque a cada una “de las personas” lleva Dios por diferentes caminos, que apenas se hallará un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro” (L 3, 59).

 

       Hay muchos métodos de oración, antiguos y modernos. Ninguno es perfecto. A cada orante, según su psicología y cultura, le puede ir uno mejor que otro. No debemos olvidar que el método es un simple instrumento, no un fin. En momentos determinados de la vida pueden servirnos, y (de) otros podemos prescindir (de ellos – borrar). Yo presentaré el esquema de la oración carmelitana y hablaré de la preparación.

 

            Esquema de la oración Carmelitana

 

       – Partes introductorias: Preparación   ( remota, próxima). Lectura (actual, rememorativa).

 

       –Cuerpo de la oración: meditación (intelectual, imaginaria). Coloquio afectivo. Acción de gracias.    Oración de petición.

 

– Parte final: Epílogo (examen, propósitos y ofrecimiento).   

                         

         La preparación. Todas las partes de la oración son importantes. La preparación goza de un puesto especial. Lo que no se prepara, se improvisa y, por lo tanto, no puede salir bien. Un deportista no puede rendir si no se ha entrenado bien  y, si no se prepara antes del partido. Un médico no puede acertar con un buen tratamiento si no tiene los conocimientos necesarios. Sin una preparación remota, de una vida de fe y entrega al Señor, la oración puede convertirse en un simple pasatiempo.

 

        2). Si la oración es encuentro de amistad, ha de evitarse todo aquello que distancia y rompe la comunión. “Ya sabéis que la primera piedra ha de ser una buena conciencia y con todas vuestras fuerzas libraros aún de pecados veniales y seguir lo más perfecto… sobre ésta asienta bien la oración; sin este cimiento fuerte; todo el edificio va falso” (C 5, 3-4 ).

 

        Luego está la preparación inmediata o próxima. Conviene relajarse, tranquilizarse, evitar las divagaciones de la mente, abandonar todo lo que perturba la mente y el corazón, antes de ir a la oración. Jerónimo Gracián expone un ejemplo sencillo: “así como el que quiere dar una música primero templa el instrumento para tañer bien y se entona para cantar; y quien quiere ir a cazar, apareja su arco, aljaba y flechas, así el alma, cuando quiere entrar en la oración, es bien que temple la vihuela de conciencia, apareje sus deseos y se prepare para hablar con Dios”.

 

            Antes de la oración y durante toda la oración, la persona procurará no distraerse, estar atenta y recogida. San Basilio dice que el mejor remedio de todos para la atención y recogimiento que pide la oración mental es una viva consideración de la presencia de Dios, porque aunque en todos tiempos y lugares está presente, más particularmente le debemos considerar en el tiempo de la oración.

 

        San Juan Crisóstomo lo confirma con estas palabras: “Cuando te pones a orar haz cuenta que entras en la corte celestial a hablar con el rey de la gloria que está sentado en un cielo estrellado cercado de innumerables ángeles y santos que miran con atención cómo le hablan”.

 

        Al ir a la oración se ha de dejar, pues, las distracciones, las preocupaciones, todo aquello que impide que el Espíritu entre y transforme con su presencia a la persona.

 

 

 

Fr. Eusebio Gómez Navarro, OCD

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