Comunicar la experiencia

 

 

 

 

 

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"Jesús Vive"

Fr.Eusebio Gómez Navarro

 

COMUNICAR LA EXPERIENCIA.

 

            El Concilio Vaticano II, en el Documento sobre el Apostolado de los Laicos, en el n. 4, presentó como un ideal de la vida  cristiana el llegar a tener una actitud contemplativa que, a la luz de la fe y con la meditación de la Palabra de Dios: reconozca siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17, 28);  busque su voluntad en todos los acontecimientos; contemple a Cristo en todos los hombres próximos o extraños; juzgue con rectitud sobre el verdadero sentido y valor de las realidades temporales, tanto en sí mismas como en orden al fin del hombre.

 

            Muchas personas necesitan hoy una nueva experiencia de Dios. Podemos ayudar a los otros al encuentro con Dios. A. Pagola presenta estas pistas:

 

          Ayudar a recuperar el sentido de Dios. Al otro se le puede decir con la vida: “Dios existe, yo lo he encontrado”.

 

          Ayudar a recuperar el sentido de lo gratuito. Muchos sólo conocen lo útil y rentable. El contemplativo tiene que ayudar a descubrir que todo es don, que hay que vivir acogiendo gozosamente el amor y la gracia de Dios.

 

          Ayudar a despertar el hambre de verdad. Acercar a las personas a descubrir la verdad interior.

 

          Ayudar a escuchar a Dios. Hay muchos que son sordos a Dios y, sin embargo, Dios siempre se ofrece en el silencio interior de cada uno.

 

          Enseñar a orar. Hablar con Dios de corazón a corazón.

 

            Cualquier testigo cualificado de Dios puede ayudarnos a buscar y experimentar a Dios y a poder presentarlos a los demás.  Cualquier comunicación no ha de hacerse desde una doctrina fría, tiene que estar impregnado de vida, tiene que nacer de la misma persona..

 

            Los conocimientos teológicos y de la teología espiritual son imprescindibles para cualquier persona que desea acompañar a otros, pero lo que se necesita de verdad es una madurez cristiana y viva que lleve al encuentro con Dios en todas las circunstancias de la vida. La experiencia de Dios no se da no sólo en la oración, sino en toda la vida: familia, sociedad, trabajo, iglesia… Estos mismos lugares son la mejor escuela para enseñar y aprender a orar.

 

            Para discernir los caminos de Dios, su voluntad, debemos hacerlo a la luz del Espíritu. La oración nos aporta luz para conocer las grandes verdades, los caminos de Dios y cómo él actúa.

 

             El cristiano tendrá que discernir cómo ora, si su oración es evangélica. Si ora como los paganos, si prefiere honrar con los labios y no con el corazón (Mt 15, 8), si no busca la voluntad de Dios  (Mt 7, 21).

 

            El cristiano, como Jesús, tendrá que orar antes de tomar las grandes decisiones de la vida, para poder saber cuál es la voluntad de Dios en ese momento. La Biblia nos ayudará no sólo a orar, sino a ver los distintos modelos que nos acercarán a tener actitudes como la de Abraham, Moisés, María, Pablo…

 

            Quien ha experimentado al Dios vivo, en su oración y en la vida, no puede por menos de tratar de lo que ha visto y tocado.  Quien ha tenido la experiencia de Dios ayuda a los otros a despertar el hambre de Dios y de la verdad, a recuperar el sentido de Dios, a apreciar lo gratuito, a estimar la oración.

 

 

 

Fr. Eusebio Gómez Navarro, OCD

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